Lo notaste en un abrazo. O cuando se levantó del sillón y el olor se quedó ahí. Aguantaste la respiración un segundo… y después te sentiste pésimo por haberlo hecho.
No eres mala hija. Y él no está sucio.
Ese olor tiene nombre: en Japón le dicen kareishu. Aparece después de los 40, cuando la grasa de la piel se oxida y suelta un compuesto —el 2-nonenal— que el jabón, el desodorante y el perfume no están hechos para sacar.
Y lo que más pesa no es el olor: es ver que la gente se aleja un poco de él sin que él entienda por qué. La buena noticia: puedes ayudarlo sin tener que hablarlo.








